Carta 3: Mirtha Legrand insiste al Chiqui Tapia

 Queridísimo Chiqui:

He leído su carta con mucha atención y debo decirle algo: me ha sorprendido gratamente su cariño hacia mi programa, aunque debo confesarle que no me sorprende su intento de escapar de mi propuesta. Los hombres importantes suelen tener tantas ocupaciones como excusas.

Pero querido Chiqui, usted ya me conoce y cuando a mi algo se me mete en la cabeza, no hay quien me pare. Digamos que no me resigno fácilmente.

Anoche tuve un sueño ¿sabe? sí, fue de esos que una recuerda al despertarse y siente que ha sido iluminada.  Me vi con usted en una enorme mesa impecable, con dirigentes, jugadores, hinchas y periodistas conversando sin gritos, sin polémicas innecesarias y con una sola pasión en común: el fútbol argentino. Y cuando desperté pensé: “Es una señal, esta mesa tiene que existir".

Porque creo en las conversaciones que unen. Porque creo en los encuentros que dejan algo. Y por que creo por sobre todo que cuando una idea es buena, siempre encuentra la manera de concretarse.

Usted me habla de zonas, de horarios, de responsabilidades y de dificultades. Pero, querido Chiqui, si todos los grandes proyectos se hubieran detenido ante los inconvenientes, nunca habríamos visto grandes acontecimientos en nuestro país. La historia está llena de personas que dijeron “es imposible” y de otras que respondieron “vamos a intentarlo”, por lo que en este momento me toca a mi insistir en que lo intentemos. Además, le aseguro que todas los obstáculos que me menciono quedan diminutos al lado de la magnitud de este proyecto. Espero de corazón que pueda ver mi visión, porque le prometo que esta idea es maravillosa. 

Sobre las dos mesas de quince participantes, permítame decirle algo, si hay algo que aprendí en tantos años de televisión es que una buena mesa no depende solamente de la cantidad de personas sentadas, sino de la calidad de lo que tienen para decir. Una conversación inteligente vale más que cien voces hablando al mismo tiempo.

Y sobre su apodo… no sea tan duro consigo mismo, Chiqui. Los nombres cambian, las épocas cambian, pero la trayectoria permanece. Como siempre digo: “el público se renueva”. Hoy pueden hacerte bromas y odiarte, mañana pueden reconocer tus logros y adorarte. Lo que no es, créame que puede llegar a ser.

En cuanto a sus obligaciones durante el Mundial, comprendo perfectamente que tenga mucho trabajo. Aunque debo admitir que me causó cierta gracia imaginar que entre tantas tareas administrativas también encuentre tiempo para un asado, unos mates y alguna fotografía para las redes. Pero no se preocupe querido, yo se que una buena mesa siempre puede esperar al momento adecuado.

Usted dice que este programa podría dejarlo peor parado pero yo pienso que esta siendo demasiado pesimista, así que permítame mostrarle otra perspectiva. Mire, una entrevista bien hecha no busca destruir a nadie, busca mostrar a la persona detrás del cargo. Y yo, después de tantos años frente a las cámaras, sé hacer preguntas, pero también sé escuchar. Por lo tanto, creo que si cuenta con el espacio para desenvolverse frente a los televidentes, podría llegar a realzar su imagen positiva.

Así que mantengo mi invitación. No una vez que todo pase, no cuando sea más cómodo, sino cuando podamos encontrar el momento indicado. Porque esta mesa no es solamente un programa: es una oportunidad para conversar sobre aquello que millones de argentinos sienten cada semana.

Y recuerde algo, querido Chiqui, conmigo no van a poder. Ni las excusas, ni los calendarios, ni las agendas imposibles. Ya se habrá dado cuenta que no sostuve mi carrera en lo alto tantos años por casualidad. La perseverancia es mi mayor virtud.

Lo espero en mi mesa.

Con afecto, Mirtha Legrand

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentación como estudiante del taller

Crónica

Feria del libro 2026