Crónica

 

Este 24 de marzo de 2026 inició cargado con un significado especial: se cumplieron 50 años del golpe de Estado de 1976, una fecha que volvió a reunir a miles de personas en todo el país bajo el lema histórico de “Memoria, Verdad y Justicia”. Desde temprano las multitudes comenzaron a concentrarse en distintos puntos de Buenos Aires y otras ciudades. La Plaza de Mayo nuevamente fue el epicentro de una jornada marcada por la memoria colectiva, pero también por las tensiones del presente.

Puedo destacar la masividad de la movilización, con una participación intergeneracional: jóvenes, familias y sobrevivientes compartiendo el espacio público. Movidos por un mismo sentimiento, exponiendo tanto sus propias experiencias como las de sus seres queridos. Conmemorando a los que no están, dándole voz a aquellos que ya no la tienen con el fin de mantener viva sus memorias.

Todo el día giro en torno a los 30.000 desaparecidos y al reclamo histórico: “Que digan dónde están”. La marcha estuvo encabezada por organismos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que volvieron a ocupar un rol central, junto a agrupaciones sociales, políticas y ciudadanos independientes reafirmando la lucha por la identidad y la justicia.

Entre la multitud, los testimonios recogidos reflejaron una memoria activa y en construcción. Por ejemplo en mi familia mis dos tíos asistieron a la marcha con mi primo de 7 años para “enseñarle lo que pasó”, esto demuestra que la memoria se transmite de generación en generación. Por otro lado también hubo voces críticas, advirtiendo que ciertas políticas actuales generan preocupación, señalando que algunos retrocesos sociales “remiten, por otros medios, a lógicas del pasado”. Este 24 de marzo no fue solo conmemorativo: estuvo atravesado por un fuerte debate político. Fue señalada la tensión entre la memoria histórica consolidada y discusiones actuales sobre el pasado reciente, en particular frente a discursos que relativizan los crímenes de la dictadura o cuestionan políticas de derechos humanos. La marcha, en ese sentido, no solo recordó el terrorismo de Estado, sino que también funcionó como una advertencia frente a posibles retrocesos democráticos.

Al mismo tiempo, la mayoría de la sociedad argentina mantiene una valoración negativa de la dictadura y apoya la continuidad de los juicios, aunque existe preocupación por el menor conocimiento en generaciones jóvenes.

A 50 años del golpe, el 24 de marzo de 2026 dejó una imagen concreta: la memoria en Argentina no es estática, sino un campo vivo de disputa, transmisión y compromiso. Entre pañuelos blancos, carteles con rostros de desaparecidos y nuevas generaciones marchando, volvió a resonar con fuerza en las calles: “Nunca Más”, no solo como recuerdo del pasado, sino como una exigencia permanente hacia el presente y el futuro.

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