Carta respuesta de Mirtha Legrand a Charly García

 Queridísimo Charly:

He leído su carta con muchísima atención. Siempre me ha resultado imposible aburrirme con usted; tiene un talento extraordinario para convertir cualquier idea en una revolución, aunque a veces una no sepa si debe aplaudirlo… o preocuparse un poquito.

Comprendo lo que dice sobre la televisión actual. Es cierto que los tiempos han cambiado y que hoy abundan personajes que creen que ser famoso equivale a tener algo interesante para decir. Pero no sea tan severo, querido. Como siempre digo el público se renueva, y aunque a veces una mire ciertas cosas y piense “¿qué está pasando acá?”, también creo que lo que no es, puede llegar a ser. Alguno tal vez sorprenda, nunca se sabe.

Ahora bien, respecto de su propuesta. Voy a decirle algo que quizá no le guste porque mi respuesta es, no.

Y le aseguro que me halaga profundamente que quiera sentarse en mi mesa. Pero usted propone una entrevista sin acuerdos, sin límites y con una sinceridad “asesina”. Qué palabra fuerte, Charly. Yo a esta altura de mi vida si aprendí algo, es que a nada le tengo más miedo que al ridículo. Le tengo terror. Lo importante es llevar los años con elegancia, con dignidad. Y una locura televisiva puede ser maravillosa… o convertirse en algo innecesariamente incómodo. Me parece que arriesgarse a comprobarlo no tiene sentido.

Permítame explicarle en otros términos, es muy simple: una entrevista cuidada es para la televisión lo que una buena composición es para el rock. Así como una gran canción no nace solamente del caos sino también del talento y la armonía, una gran conversación tampoco vive únicamente de la provocación.

Porque el verdadero valor, querido Charly, está en la calidad. Y yo sigo creyendo que un buen programa debe estar bien pensado, bien llevado y hecho con inteligencia. Usted sabe tan bien como yo que las cosas memorables no ocurren solo porque alguien levante la voz o rompa las reglas; ocurren cuando hay esfuerzo y dedicación detrás.

Además, nuestro encuentro de 1979 fue inolvidable justamente porque ocurrió en un momento irrepetible. Déjeme contarle una cosa: como te ven, te tratan y si te ven mal, te maltratan, querido. Hoy vivimos tiempos difíciles, donde cualquier gesto termina convertido en un espectáculo barato. 

No se confunda, a mí me interesa entretener porque el aburrimiento es terrible, en la tele y en la vida también. Pero entretener no significa necesariamente incendiar el estudio. A veces una buena conversación, bien hecha y con cierta elegancia, deja mucho más que un escándalo.

De todos modos, le agradezco la propuesta y el cariño implícito en ella. Y quién sabe… quizá algún día, lejos de las cámaras y de tanto ruido, podamos compartir un almuerzo y recordar viejas épocas. Pero por ahora, querido Charly, esta diva elige la prudencia antes que la improvisación.

Lo saluda con afecto, Mirtha.

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